¿Quién soy?, es una de las preguntas que todos nos hemos hecho y no sabemos
que responder, y muchas veces nos terminado conformando con lo que el mundo
dice de nosotros, al parecer es lo más cómodo y con respecto a eso, entonces:
¿quiénes nos definen como somos? ¿La sociedad, nuestra familia, nuestro propio
comportamiento o nosotros mismos? ¿Qué crees tú?
Nuestros padres nos entregan una carga genética que se ve reflejado en nuestra
personalidad, carácter, temperamento y rasgos físicos. Y muchas veces como
fueron en nuestra infancia influye directamente en lo que nos hemos convertido en
adultos. Ellos son los encargados de darnos amor, seguridad, protección, cuidado,
alimento y suplir nuestras necesidades básicas. Algunos respondieron
adecuadamente y nos han ayudado a convertirnos en hombres y mujeres
completas, pero quizás no fueron los suficientemente responsables en su
responsabilidad como padres y eso te ha traído tristeza, inseguridad, dolor y
sientes un vacío gigante de amor y contención en tu corazón.
Cuando nos enfrentamos a nuestros recuerdos ¿Cuál es el que nos acompaña?
amor, agradecimiento, rencor, odio o ira. Y ¿Por qué hablar de nuestros padres?
Porque son ellos los que nos entregan características que la sociedad dice:
Carlitos es el hijo de Pedro porque hablan, caminan, se ríen de la misma forma.
Y si cambiamos el contexto, LAS PERSONAS QUE NOS RODEAN ¿PUEDE
DECIR LO MISMO DE NOSOTROS CON DIOS? ¿Podrán reconocer que somos
hijos de Dios, sin tener que mencionarlo porque nos parecemos a él?
Levito 19.2 dice: «Da las siguientes instrucciones a toda la comunidad de Israel:
sé santo porque yo, el SEÑOR tu Dios, soy santo. Dios nos revela una
característica de su persona que nos exige imitarle, ¿podremos decir que somos
santos al igual que nuestro Padre?
Y es ahí es donde nos ataca las inseguridades porque no nos consideramos sus
hijos, hemos cargado una paternidad terrenal tan ausente, con falta de amor,
protección o hemos sido hijos irresponsables, crueles, lejanos… poco atentos que
se nos hace imposible imaginar el amor de PADRE de nuestro DIOS que tiene
para nosotros, sus hijos.

¿Te has puesto a pensar en cómo nos ve Dios? En salmos 8:4-6 Vemos como el
salmista David, describe al hombre: “Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de
él memoria, Y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho poco menor
que los ángeles, Y lo coronaste de gloria y de honra.
Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos;
Todo lo pusiste debajo de sus pies.” Y en hebreos 2: 7 lo volvemos a encontrar

“Le hiciste un poco menor que los ángeles, Le coronaste de gloria y de honra, Y le
pusiste sobre las obras de tus manos” Así es, nuestro Dios, nuestro creador nos
considera un poco menos que los ángeles.
Y ahora ¿Cómo vemos a Dios? Quiero llevarte a recordar una historia que le contó
Jesús a sus discípulos, es la historia del hijo pródigo donde encontramos a dos
hijos los cuales desde pequeño crecieron con el mismo padre a su lado, pero
cada uno lo veía de una forma diferente. El hijo prodigo conocía a su padre
perfectamente, él sabía que si le pedía su parte de la herencia él se la daría y
después también supo que lo recibiría aunque fuera como un siervo; mientras que
el hijo mayor, el cual era su mano derecha en el trabajo no conocía a su padre y
cada día intentaba agradarle, considerándose como un siervo, un trabajador más
de su padre, siendo el dueño al igual que él.
¿Qué tipo de hijos somos en esta historia? EL hijo prodigo que reconoce a su
padre o el hijo que ve a su padre como un jefe.
La diferencia está en que nuestro padre nunca dejará de serlo, tus acciones no te
consideran más o menos hijos de alguien. Eres su hijo porque así es, llevas su
sangre y genética. Mientras que un jefe solo busca su propio bienestar y el
cualquier momento por mejor trabajador que seas siempre estas vulnerable a ser
despedido y alejado.
Y muchos dirán, entonces: ¿qué pasa con Dios? ¿Dónde queda eso de hacer
cosas para agradarle? Y es que NO SE TRATA DE ESO, no es una balanza entre
obras y pecado ni de acumular puntos para Dios. ¿Y cómo perdonará nuestro
pecado? Si pensamos de esa forma entonces, ¿Dónde queda la OBRA DE LA
CRUZ?
¿Qué paso con el REGALO QUE NOS DIO AL MOMENTO DE CREER Y
ENTREGAR NUESTRA VIDA A JESUS? Somos Salvados por “GRACIA”
En tiempo aceptable te he oído, Y en día de salvación te he socorrido.  He aquí
ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación. 2 corintios 6:2 ¡Ese
momento llegó en el mismo instante donde recibiste ese hermoso regalo y si no es
así, este es el tiempo, es el día de tu salvación!
Pero llegamos a 2 Corintios 6:17 -18 Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y
apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, Y seré para
vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor
Todopoderoso.
Hay algo que debemos hacer, ARREPENTIMIENTO, un cambio continuo hasta
que el Señor venga por nosotros.
Ser como Dios y él dijo: sé santo porque yo, el SEÑOR tu Dios, soy santo.

Y volvemos al punto en que no se trata de hacer cosas para agradarle, se trata de
ser como él es y para ser como él, debo considerarme su hijo. El hijo se parece a
su padre porque pasa tiempo con el padre, aprende de él.
Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que
habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Gálatas 3:26-27.
Y como Dios sabía que esto no sería fácil, nos dejó a alguien que nos ayudaría a
actuar como Dios, porque también lo es, el ESPIRITU SANTO.
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de
Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en
temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual
clamamos: !!Abba, Padre! Romanos 8:14-16
Y así como un padre se preocupa que sus hijos tengan ropa adecuada para cada
estación del año, para poder sobrellevar las altas temperaturas del verano, los
vientos del otoño, el frio y las lluvias del invierno y el viento fresco de la primavera.
Así es nuestro padre celestial el cual nos viste de pie a cabeza para que podamos
estar vestido con todo lo necesario para enfrentar el día malo.
“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las
asechanzas del diablo.   Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino
contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de
este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo,
y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros
lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el
apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que
podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.
Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de
Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en
ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos. Efesios 6: 10- 20

El padre también tuvo que hacerse presente ante su hijo Jesucristo antes de
iniciar el ministerio. Jesús siendo el hijo legítimo de Dios, necesitó una vez más
recordar quien era su padre antes de dar inicio a lo que vendría. “y descendió el
Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo
que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia”. Lucas 3:22

Recuerda que eres su hijo y que le encanta compartir su reino contigo, y como tal
a puesto la obra de sus manos sobre las tuyas, es tiempo de comenzar a trabajar
junto a nuestro padre y disfrutar de sus bondades. Cuando sabemos quién es
nuestro padre, ni la muerta podrá detenernos porque sabemos de quienes somos
hijos, del grande, del soberado, el gran yo soy, el libertador, el justo, fiel, cariñoso
y amoroso salvador.

Nayareth Martínez G.
La hija consentida del padre y tú?